Cuando la reina aún no había sido coronada
sobre un sueño, una iniciación y un año que se escribió solo
Anoche tuve un sueño que no se parecía a un sueño normal.
Era sensual, vívido, lento, casi como un capítulo de una historia más grande.
Un sueño que no quería ser interpretado rápidamente, sino que quería ser vivido.
Soñé que estaba con un futuro rey.
No terminado. No coronado.
Pero cargado con una responsabilidad que ya pesaba mucho sobre él.
El amor entre nosotros era fuerte, obvio, presente.
Y al mismo tiempo no del todo aceptado por el entorno.
Yo no era real. No noble. No "correcta" según el sistema.
Sin embargo, era a mí a quien había elegido.
Nos movimos por su reino, por el castillo, por días y noches.
A veces llevaba armadura, a veces ropa suave.
A veces se sentía como un guerrero, a veces como un príncipe elfo del bosque.
Todo en él alternaba entre rol y vulnerabilidad.
Nos besábamos a menudo.
Los cuerpos se atraían.
Pero nunca se consumó nada.
Y eso es importante.
Porque en el sueño no se trataba de recibir.
Sino de sostener.
Los caballos que vinieron a mí y el cuerno que apareció
Hacia el final del sueño, vinieron caballos voladores. Caballos reales.
Habían dejado algo atrás, algo había sucedido.
Y sin conocerme, vinieron a mí.
Sabía quién era el líder.
Pregunté qué había pasado.
Y en el mismo momento en que la verdad iba a ser revelada, el caballo obtuvo un cuerno.
Como un unicornio.
No es casualidad.
En los mitos, el unicornio no se muestra por poder, sino por pura intención.
No para quien quiere poseer, sino para quien puede llevar la verdad.
No fue el rey quien lo vio.
Fui yo.
La misión, la promesa y la condición
Algo amenazaba el reino.
El rey tuvo que marcharse.
Quizás guerra. Quizás rescate.
Dijo que podría ser peligroso.
Que quizás no regresaría.
Y me pidió que me encargara del reino si él no volvía.
Dije que sí.
Pero no incondicionalmente.
Dije que solo podía prometerlo si nos casábamos.
No por romanticismo.
Sino porque nunca cargaría con tal responsabilidad sin legitimidad.
Esto no era una exigencia.
Era un límite.
La boda se planeó el mismo día.

La abstinencia, las risas y lo humano
A pesar de toda la cercanía, toda la carga, toda la sensualidad, nunca nos acostamos.
Siempre había algo que interrumpía.
Gente en las habitaciones. Reglas. Roles. Tiempo.
Y más tarde me acosté en una cama con mis amigos y me reí.
Me reí tanto que grité en el colchón.
Hablamos de la vida, de experiencias, de todo lo que había sido.
Fue como si el sueño dijera:
La reina debe ser humana, de lo contrario se vuelve peligrosa.
Cuando miro hacia atrás, todo encaja
Este sueño no está solo.
Está relacionado con:
- El Centauro Quirón que apareció antes
- El Cubo que apareció como símbolo de estructura y solidez
- La palabra iniciación / inicialización que llegó sin que yo la buscara
- Y el año que se escribió solo, donde los procesos pudieron tomar su tiempo sin ser forzados
Quirón, el centauro, es el puente entre cuerpo y conciencia.
Mitad animal, mitad humano.
Instinto y responsabilidad en el mismo ser.
Es exactamente el mismo campo de tensión que en el sueño:
- sensualidad y deber
- amor y responsabilidad
- fuerza vital y ética
El cubo no se trata de control.
Se trata de forma que sostiene.
De que el poder no debe ser libre sino sostenido.
Y el año que se escribió solo…
Fue el año en que dejé de buscar respuestas.
Y en cambio dejé que la madurez hiciera lo suyo.
La iniciación
Esto no es un despertar.
No una curación.
No una búsqueda.
Es una iniciación.
Una transición de:
"Puedo soportar"
a
"Soportaré, pero no sin un mandato."
Relacionalmente.
Laboralmente.
Creativamente.
El sueño no dice que la corona está aquí.
Dice que ya no se puede colocar de forma incorrecta.
La Reina antes de la corona
Esta es la historia de la reina antes de ser coronada.
Ella, que:
- ya no se conforma con el potencial
- no se sacrifica en silencio
- no da su poder sin reconocimiento
Ella que puede amar y aún así permanecer en sí misma.
Ella que puede sentir deseo y aún así mantener la dirección.
Ella que puede llevar un reino, pero solo si hay una alianza.
Y quizás ahí es exactamente donde estoy ahora.
No terminada.
No llegada.
Pero iniciada.
Una última reflexión
Quizás este sueño no se trata de un rey.
Quizás ni siquiera se trata de amor en primer lugar.
Quizás se trata del punto en la vida donde ya no podemos asumir responsabilidades por costumbre, lealtad o miedo a perder algo.
Donde ya no podemos llevar las misiones de otros sin llevarnos también a nosotros mismos.
Si la reina una vez fue la que esperaba, se adaptaba y se mantenía unida
ahora es la que condiciona, arraiga y elige conscientemente.
No porque haya cerrado su corazón.
Sino porque finalmente lo tiene en sus propias manos.
La iniciación no se trata de convertirse en otra persona.
Se trata de dejar de comprometer lo que ya eres.
Una pregunta para ti, lector
¿Hay algún lugar en tu vida donde todavía asumes responsabilidades sin un mandato?
¿Donde entregas tu energía, tu amor o tu presencia sin que haya un compromiso claro a cambio?
Y ¿cómo se sentiría, al igual que la reina en el sueño,
decir sí... pero solo bajo nuevas condiciones?
Todo comenzó con un cubo, un centauro, un año que se escribió solo. Lee más sobre ello aquí
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